lunes, 28 de julio de 2014

COMO RECORDATORIO


No puedo publicar fotos de ayer con nombres de hoy. No le puedo poner nombres nuevos a escenas viejas. Las imágenes no son mudas, tienen los datos del momento que nacieron. Cambiarlos es falsear la verdad, es decir que el árbol no tiene hojas en una foto de primavera.

Sin embargo, pese a ser consciente del engaño, no pocas veces les pongo el nombre de calles de hoy a fotos que cuando se hicieron la calle se llamaba de otra manera. La mayoría de las veces lo he hecho pensando que así era más fácil localizarlas. Pero confieso que en otras muchas ocasiones lo he hecho para evitar susceptibilidades y polémicas. En todo caso, lo único que me guía es el respeto a todas las personas, sean sus ideas y sus gustos los que sean.

Seguiré intentando desligar en las fotos lo viejo de lo moderno. Cada época tuvo sus nombres, y no se pueden ignorar porque forman parte de la historia y de los recuerdos. Mi memoria empieza a flaquear, y sin embargo, prometo seguir siendo escrupuloso con los datos de los pié de foto.  Quizás haya que sufrir la ambigüedad en los textos, pero eso es preferible a los errores por falta de cuidado.


De cuando en cuando necesito publicar esta especie de comunicado para que no se me olvide el rumbo que he de seguir. Y a vosotros, para que sepáis lo que podéis esperar de mí.


lunes, 14 de julio de 2014

REFLEXIONES DE UN INGENUO


Aunque no podamos cambiar ni el mundo ni a la gente, los sueños los hacen a la medida de nuestros deseos, sin embargo, la reflexión los desbarata.

Es muy triste vivir sin esperanzas, pero es más triste tenerlas sabiendo que vives engañado. Y aún teniendo la certeza, sigues esperando, y hasta pones en duda la percepción de la realidad más inmediata. Y sigues creyendo que mañana será mejor que hoy. Que existen los milagros y que las personas más allegadas recordarán que siempre estuviste ahí cuando no tenías problemas, y sigues ahí cuando ya los tienes. Quieres pensar que no los ven, y que serían solidarios si los vieran. Pero estás equivocado y solo. A pesar de todo, no puedes evitar dejar de engañarte, ni siquiera renunciar a la esperanza. Y así se va consumiendo la vida y agotándose las fuerzas, siendo un ingenuo, no un resentido. Al final, siente uno la misma impotencia del que ha sido engañado. Malo es no tener fe, pero mucho más malo es tenerla y ser defraudado.